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Me gustaría tener un hijo, pero…
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¿ESTOY PREPARADO PARA SER PADRE O MADRE?

Dicen que nadie está preparado para ser padre… hasta que nace su primer hijo. Pero hay una serie de preguntas que te ayudarán a reflexionar sobre tu capacidad y disposición actual. Plantean los aspectos psicológicos más importantes de la paternidad. ¿Te atreves a responder?

Puedes dejarte llevar por tu instinto, pero antes de traer un hijo al mundo conviene plantearse factores culturales, sociales, económicos y, sobre todo, psicológicos. En éstos hay que diferenciar los que hacen referencia a la pareja en sí y los que afectan a cada uno de los miembros como individuo. Todas las parejas tienen una historia de aprendizaje, que hace que se establezcan unos comportamientos que se convierten en hábitos: el papel que desarrolla cada uno, los horarios y costumbres, las aficiones, el tiempo libre, el dedicado a la pareja, el estilo de vida, la habilidad para comunicarse, para resolver problemas comunes, para tomar decisiones, la dependencia emocional de cada uno de los dos respecto al otro, etc. Todos estos aspectos condicionan la relación, la definen y hacen que el planteamiento de la paternidad sea de una manera o de otra. En cuanto a los aspectos individuales, hay que tener en cuenta la historia personal de cada cual, aquello que le ha llevado a desarrollar comportamientos concretos: miedos, inseguridades, habilidades para afrontar retos, para tomar decisiones, nivel de estrés, autoestima, estado de ánimo, manera de relacionarse con otras personas, etc.

LA SOCIEDAD NOS LO PONE DIFÍCIL
En una sociedad tan influida por el confort, al culto el cuerpo y el materialismo, hombres y mujeres tienen menos deseos de sacrificar su independencia por el mero hecho de tener hijos. Supone mucha más responsabilidad que no tenerlos, sobre todo en lo que se refiere a tiempo y dinero: no se pueden destinar a otras actividades que consideramos (a veces de forma equivocada) más satisfactorias. Tener un hijo supone, al fin y al cabo, apostar por la vida, creer en algo desconocido; y esto no encuadra dentro de la mentalidad tecnificada, eminentemente práctica y materialista que triunfa hoy día.

Sobre todo para las mujeres, dar a luz significa envejecer, estropear el cuerpo, que aún se considera joven y seductor, engordar y cambiar de aspecto (con el consiguiente miedo a no gustar, a perder el atractivo), además de un importante desgaste psicofísico que se ha asociado erróneamente al proceso de envejecimiento, según los expertos.

Esta curiosa mentalidad favorece situaciones paradójicas: cada vez se tienen menos hijos, pero éstos se cuidan con una exagerada sobreprotección. El afán de control, propio de padres inseguros (la inseguridad se manifiesta muchas veces en forma de temor a no poder mantener más hijos), no favorece, sino todo lo contrario, un adecuado desarrollo de la personalidad de los niños. Lo mismo puede decirse de los hijos únicos, a veces tienen problemas socioambientales por falta de apoyo. Por último, los matrimonios que no tienen hijos por simple decisión de uno o ambos miembros, y que podrían haberlos tenido, se exponen a crisis de cierta intensidad como pareja y como individuos, generalmente al sobrevenir la madurez, alrededor de los cuarenta o cincuenta años, cuando se comprende que los hijos constituyen algo absolutamente natural y que llena de sentido la vida del hombre. De cualquier forma, lo importante es que la decisión de ser padre o madre se tome de forma responsable. Manejando información experta y valorando los pros y contras. Los psicólogos nos ayudan a hacerlo.

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