No siempre nos paramos a pensar en cómo transmitimos nuestros mensajes, como en numerosas ocasiones lo que rodea el contenido del propio mensaje condiciona la percepción que del mismo tiene nuestro interlocutor.
Más allá de las normas convencionales y de la extensa literatura existente sobre el tono, el lenguaje no verbal, etc. Hoy me gustaría centrar este asunto en la empatía, la capacidad o intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo, resumiendo, la capacidad de ponerte en el lugar del otro.
Deberíamos tener claro que un mismo mensaje no es percibido de igual manera por dos individuos, nuestra percepción está condicionada por los rasgos de personalidad y también estará condicionada por la relación existente entre ellos.
Por tanto si deseamos ser efectivos pensemos siempre a quien nos dirigimos y cuál es su personalidad.
Muchos pensareis que prestar tanta atención a nuestro interlocutor nos hace perder autoridad, que debemos centrarnos en nuestro mensaje y en nuestros criterios. En nuestra opinión es preferible apostar por el liderazgo colaborativo y participativo, frente al autoritario.
En contra de la vieja filosofía de “si soy blando y comprensivo los empleados se relajarán y disminuirán su rendimiento” El liderazgo participativo, la empatía, la comunicación bidireccional ajustando los mensajes entre el emisor y el receptor, sin duda genera un equipo motivado y cohesionado que alcanzaran un alto rendimiento.
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